El fenómeno mediático que ha marcado a la última Merlina

Con seguridad la primera vez que vimos a Merlina protagonizada por la actriz Jenna Ortega quedamos maravillados por unos ojos cuya mirada es fija y hacia arriba. Delgada sin un cuerpo lleno de curvas pero con la atracción de una mujer fría y "fatale". La primera temporada del nuevo concepto retomado por Tim Burton resultó un exacto martillazo sobre un clavo, lo cual dio respiro a las finanzas de Netflix que abanderaba el proyecto.

A partir de ese momento la vida de la actriz cambió, si bien cobró fama y una excelente cantidad de dinero vio con desagrado que a sus redes sociales llegaban fotos de hombres en situaciones que le causaban molestia como mujer. Ante la situación cerró sus perfiles públicos, aunque eso no fue suficiente para impedir que con inteligencia artificial personas publicaran imágenes de su rostro sobre mujeres de gran atractivo físico.

La interpretación de Jenna Ortega como Merlina Addams en la serie de Netflix del 2022 no solo revivió a un personaje considerado ya todo un clásico dentro de la industria del entretenimiento, sino que generó un fenómeno cultural masivo en el que millones de hombres en el planeta quedaron cautivados más que por su belleza por lo que representa.

No deja de sorprender la incesante sexualización de la actriz a partir de un personaje que, en su concepción original, no tendría nada de símbolo sexual. Este fenómeno puede explicarse desde una perspectiva psicológica y social.

Desde el punto de vista psicológico la atracción hacia la Merlina interpretada por Jenna Ortega responde a varios mecanismos. Primero, el vínculo parasocial. La audiencia desarrolla una relación unilateral con el personaje y traslada esa fascinación a la actriz real, confundiendo ficción con realidad. Lo anterior no se puede negar sobre todo cuando vemos la satisfacción de Merlina al vengar a su hermano tirando bolsas con pirañas hambrientas vivas para que ataquen con toda su furia.

Segundo, el arquetipo de la "femme fatale" gótica. Merlina es fría e inteligente, si no busca la aprobación de su familia menos para el resto. Completamente inaccesible a muestras de amor y de cariño resulta poderosamente atractiva para el inconsciente de la audiencia, que genera la fantasía de lograr hacerla sonreír. Es como cuando alguien te hace sufrir y aún así te clavas de manera enfermiza.

A los dos puntos de vista previos se suma la fetichización histórica del estilo gótico: palidez, seriedad y vestuario oscuro, y por si fuera poco, socialmente, el fenómeno se potencia por la estructura de las plataformas digitales. Los algoritmos de TikTok, Instagram y X, por ejemplo, premian el contenido con carga sexual porque genera más interacción. Por ello, una foto normal de Jenna Ortega o de un fan con temática de Merlina es rápidamente transformada por usuarios y por IA en una versión más erótica.

Esto se enmarca en un patrón más amplio y documentado por la Asociación Americana de Psicología: la hipersexualización sistemática de actrices jóvenes en Hollywood, donde el éxito casi obliga a pasar por el filtro del deseo masculino, lo que Laura Mulvey denominó "male gaze" o mirada masculina.

Para la actriz esto ha sido más que fama, ha sido perder el control de su propia imagen y hasta de su estabilidad emocional. Por eso sus cambios tan drásticos de imagen yo creo que ni siquiera son por moda, son a propósito, para zafarse de donde la quieren encasillar y para dejar claro que ella decide cómo quiere verse. Y para nosotros como audiencia, sobre todo los más jóvenes, debería ser una lección, porque se nos olvida que Merlina nos gusta por inteligente y fuerte, no por bonita, su valor está en su poder.

Por otro lado está la situación de que mientras más inalcanzable pareciera una mujer más deseable y más atractiva pareciera ser. Si a eso se suma la atracción sexual se vuelve más compleja la situación. Es decir el enamoramiento hacia artistas como Jenna Ortega se explica por dos mecanismos psicológicos muy claros. Primero, la idealización parasocial: no nos enamoramos de la persona real, sino de la fantasía que construimos sobre ella. Como Merlina es fría, no llora, no ruega y no falla, el inconsciente la convierte en la mujer perfecta e inalcanzable, mucho más fácil de amar que una relación real con defectos.

A diferencia de la mirada masculina que tiende a sexualizarla, lo que sienten muchas mujeres hacia Jenna Ortega y su Merlina es identificación y admiración. Se ven reflejadas en un personaje que no necesita sonreír para agradar, que sabe decir que no, que es inteligente, rara y no pide perdón por serlo. Por ello Merlina se ha convertido en un ícono de autonomía y poder femenino en redes, no como objeto de deseo, sino como ejemplo de una mujer que no existe para complacer a los hombres, sino para ser ella misma.

Por otra parte, su imagen ya ha influenciado las fiestas de disfraces. Desplazó a Harley Quinn o la Catrina sexy como el más usado en Halloween y Día de Muertos. Su estética es fácil, reconocible y poderosa, por lo que en las fiestas de este año se verán tres versiones: la clásica de trenzas y uniforme, la versión del baile de la serie y la versión hipersexualizada.